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| El niño curioso, por el Primer Sol (nov 2013) |
Quizá ésta sea la
última Navidad de inocencia infantil en la refamilia al completo… La Estrella
Mayor cumplirá 9 cuando empiece el año, seguida del Primer Sol (7 y medio), del
Segundo Sol (5 y medio) y de la Estrella Menor, con 5 recién estrenados.
La Estrella Mayor,
con motivo de la caída del segundo diente del Primer Sol, me encerró a traición
para hacerme una pregunta de vital importancia, porque tenía informaciones
contradictorias y necesitaba saber: “el Ratón Pérez, ¿existe?”. En lo que duró
mi suspiro pensé tres cosas: ¿por qué no le preguntas a tu padre o a tu madre?,
¿no prefieres hablar de sexo? y ¿ahora qué le digo? En mi caso la pregunta se
la hice a mi madre en un intento desesperado de que algo de mi imaginario
infantil existiese, justo después de confirmar que los Reyes no eran tan mágicos
como creía…
Hace tiempo me
mandaron una fábula sobre el pacto entre Reyes y
padres, y la adapté a nuestro roedor, previo juramento de la Mayor de no
revelar nada a nadie, a saber:
La Estrella Mayor
se quedó muy contenta y aliviada, como si en su cabeza hubieran encajado piezas
que parecían irreconciliables, pero advierto que abrió el turno de preguntas y
tuve que inventar nuevas historias (“Pobre de aquel que inventa una mentira,
porque habrá de inventar 20 más para encubrir la primera”): “¿Cómo es el Ratón
Pérez?, ¿habla?”, “¿Y cómo te manda el mensaje?”, “¿Es Jane (nuestro hámster)
una agente secreta del Ratón Pérez?”. Llegado este punto tuve que recurrir al
comodín de madre “Esas cosas las sabrás cuando a tu hijo se le caiga un diente
y venga el ratón a verte…”
La preocupación del
Segundo Sol en todo este trajín de ratones, sin embargo, es que el ratón Pérez,
para llegar a la almohada de su hermano, tiene que pasar con sus patitas sobre
la suya…

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